NOTITIA CRIMINIS

CCM y Unicaja anuncian su acuerdo de fusión, un manto de invisibilidad para el Portador de Secretos Hernández Moltó

Posted in CCM by Die Rote Kapelle on 3 marzo 2009

Diario El Mundo de 3 de marzo de 2009

Diario El Mundo de 3 de marzo de 2009

En abril de 1994, tras la comparecencia del ex gobernador del Banco de España, Mariano Rubio en la comisión de investigación abierta en el Congreso de los Diputados por el caso Ibercorp, Pedro J. Ramírez publicó un durísimo artículo sobre el hasta entonces desconocido Juan Pedro Hernández Moltó, titulado «Cuando la mano de Dios ya no pasa por este perro».

El Mundo fue el periódico que destapó el Caso Ibercorp y el que, por tanto, acabó con los días de poder y arrogancia del citado Mariano Rubio. No obstante, el interrogatorio al que fue sometido por el entonces diputado Hernández, llevó a Pedro J. Ramírez a escribir lo siguiente:

«No recuerdo haber visto jamás comportarse a nadie en el Parlamento de un modo tan repelente y despreciable. Su intervención en la sesión urgente de la Comisión de Economía del viernes fue un modelo de cinismo, hipocresía y deshonestidad. Hubo tanta falacia, doblez y mendacidad en sus palabras que en algún momento llegué a sentir arcadas al escucharle. Lo peor de la vida pública quedó reflejado en su burdo oportunismo, en su inmoral huida hacia adelante, en su intolerable pretensión de camuflar sus responsabilidades bajo la pantalla de unas palabras huecas y engoladas.

No estoy hablando de Mariano Rubio, sino del portavoz socialista Juan Pedro Hernández Moltó, el hombre que hace dos años sirvió reiteradamente de alfombra al todavía poderoso gobernador del Banco de España y anteayer se ensañó con el pobre guiñapo que le pusieron delante, transgrediendo las más elementales normas de la cortesía parlamentaria. Hernández Moltó es un tipo peligroso que llegará lejos, pues quintaesencia la falta de escrúpulos del «homo felipista»: alguien capaz de pasar del sonrojante servilismo a la más descarnada invectiva, sin solución de continuidad y con la misma eficacia escénica».

No tengo ni idea de si Hernández Moltó ha llegado ya tan lejos como le es posible, ni creo que nadie pueda saberlo porque el presidente de CCM es, sobre todo, un «portador de secretos» y no es posible predecir cuándo perderá su valor la mercancía con la que carga el todabía presidente de CCM.

Juan Pedro Hernández Moltó

Juan Pedro Hernández Moltó

Muchos de esos secretos ya han sido arrojados a la plaza pública por la prensa; alguno que otro he desvelado en Notitia Criminis -y aquí, para ser ecuánime, tengo que manifestar mi reconocimiento a Alejandro Pompa, alcalde de Carranque, sin cuyo, aunque muy a su pesar, poderoso acicate y constante estímulo, esta investigación nunca habría llegado tan lejos- Pero las alfombras de los despachos de CCM guardan muchos más, tantos que sólo intuyendo que es así se puede entender que en el breve espacio de dos días se despache en precario la absorción, que no fusión, de CCM por UNICAJA.

Según informa El Confidencial, esas «negociaciones» aunque cortas, no ha sido pacíficas. Braulio Medel ha hecho un último intento de eludir el destino que le han asignado el Ministerio de Economía y el Banco de España. De hecho, el pasado viernes 27, Medel rompió las negociaciones con el Banco de España: «La resistencia de Unicaja llegó a provocar que durante toda la jornada del viernes 27 de febrero se intensificaran los contactos entre el Banco de España y la CECA (patronal de las cajas de ahorro), orientadas a la búsqueda de algún potencial candidato alternativo a la caja andaluza, según fuentes próximas al organismo supervisor. Sin embargo, ninguno de los nombres barajados satisfizo a la casa del gobernador Miguel Ángel Fernández Ordóñez».

El resultado fue el falso anuncio de «acuerdo de fusión» que se lanzó a los cuatro vientos ayer lunes. Digo que el acuerdo fue falso, no porque fuera mentira, sino porque en realidad no fue acuerdo o, mejor dicho, era una acuerdo condicionado a la aportación por el Gobierno o por el Banco de España, del dinero necesario para tapar el «agujero» creado en CCM por Moltó y sus hombres.

En tal sentido, la imposición de Solbes, también según El Confidencial, pasa por un primer pago de 1.000 millones de euros, la permanencia de Braulio Medel al frente de la nueva Caja y la posibilidad futura de usar el Decreto de Apoyo a la Banca, que permite al Gobierno dar dinero público a las entidades financieras en quiebra o en peligro de quiebra.

Sin embargo, como también informa hoy El Mundo, la herida se ha tapado en falso y la gangrena gaseosa que ha quedado dentro aún está por salir: «El primer paso ahora será… la realización de una due dilligence (auditoría aexhaustiva) y el aseguramiento de las garantías financieras… Tras esa frase se esconde la aportación de recursos por parte del Fondo de Garantía de Depósitos de las Cajas de Ahorros».

José Mª Barreda con Antonio Miguel Méndez Pozo, a la derecha de la foto

José Mª Barreda con Antonio Miguel Méndez Pozo, a la derecha de la foto

Sin embargo, como ese Fondo -en estos momentos su dotación ronda los 4.500 millones de euros- sería engullido en su práctica totalidad por el «agujero» de CCM, se está pensando en dos posibilidades: «por un lado -se dice en el artículo de El Mundo- que el Banco de España adelante dinero… que posteriormente le sea devuelto; por otro, utilizar el punto del decreto de apoyo a la banca que permite al Gobierno inyectar capital en entidades en dificultades».

En definitiva, que puesto que nada está hecho, ni la auditoría, ni la localización del dinero con el que se ha de tapar el socavón de CCM, el anuncio ayer del «preacuerdo» o del «principio de acuerdo», sólo puede tener como objetivo presentar ante la opinión pública unos supuestos hechos consumados que terminen con el escrutinio al que está siendo sometida la actuación de Juan Pedro Hernández Moltó y de José María Barreda, porque el único objetivo cierto que puede tener la absorción de la Caja, no es ahorrar dinero público, ya que el Gobierno tendrá que pagar la negligencia o el dolo de Moltó y Barreda; ni asegurar los puestos de trabajo de los empleados de la Caja, que no estarían ni más ni menos inseguros con la absorción que con la intervención; sino proteger al «portador de secretos», a los secretos en sí mismos y, sobre todo, a los protagonistas de esos secretos.

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